Basureando en Turquía

Texto: Ana Rumíha
Fotos: Carlos Blanchard
Reportaje publicado en el número 6 de Snowplanet Girl
La aventura entre basura de Ana Rumiha, Carlos Blanchard, Conny Bleicher y Julia Baumgartner.
El viaje a Turquía fue lo mejor de la temporada pasada. Fue la mejor manera de acordarme de cómo el snowboard conecta a la gente y hace que apreciemos cada día que vivimos.
A mediados de marzo recibí una llamada de Conny Bleicher, Julia Baumgartner y el fotógrafo Carlos Blanchard. Me dijeron que estaba nevando en Turquía y que nos íbamos para allá. Con Europa pelada de nieve, pensé “¿por qué no?” Así que improvisamos un viaje para filmar algo de montaña para la película nueva de Lipstick. Cuando digo improvisar me refiero al sentido literal, fue todo espontáneo sin ningún tipo de planificación. Turquía es un país pequeño, no hay mucho margen de error… ¿quizá “solo” unos 1000 Kilómetros? La sensación de subirse a un avión sin tener ni idea de a dónde vas tiene su qué. Lo único que sabíamos era que queríamos visitar las pistas de Kartalkaya y según Google Maps hay dos, a 800 Km una de la otra. Menos mal que nos dimos cuenta antes de embarcar. Mi amigo Ante y yo cogimos un autobús a Bolu, el pueblo más cercano a la estación. Tengo que admitir que la calidad del servicio nos sorprendió. Cada asiento tenía un televisor y había servicio de comida y bebida. Y bueno, había oído que a los turcos les gustan las europeas pero la declaración de amor del “azafato” en cuanto Ante fue al baño me pilló desprevenida.

Después de rechazar varias propuestas de matrimonio pedimos un taxi de Boli a Kartalkaya. El taxista no hablaba ni una palabra de inglés, llevaba matrícula 666 y conducía a una media de 120 Km/h. Busqué una mirada esperanzadora en Ante pero ya había cerrado los ojos y parecía estar rogando a los dioses salir de aquel taxi con vida. Llegamos a nuestro destino, un lujoso hotel que supuso una grata sorpresa en medio de la noche. Teniendo en cuenta que no habíamos planeado dónde dormir…
Recibí una llamada de Conny, Juliay Carlos. Estaba nevando en Turquía y nos íbamos para allá. Con Europa pelada de nieve, pensé: ¿Por qué no?
A la mañana siguiente, todos vivos, reunidos y felices, fuimos a desayunar y ya entonces supimos que este viaje se iba a regir por la comida y las risas. El restaurante era del tamaño de un campo de fútbol y el buffet era tan grande que tardamos media hora en ver todo lo que ofrecía.Con las tripas llenas fuimos a dar una vuelta para buscar algún spot, con la suerte de que los turcos ricos prefieren quedarse en el restaurante y estaba toda la nieve sin tocar. Había tanto a lo que darle que no sabíamos por donde empezar.

Nos pasamos todo el primer día en el mismo arrastre ripando por fuera pista. Parece que a los turcos no les interesa saltarse las reglas. Teníamos todo el powder para nosotros sin tener que caminar nada. Quedan pocos sitios en el mundo en los que no tengas que levantarte para desvirgar el fuera pista. Kartalkaya es uno de ellos.

Teníamos todo el powder para nosotros sin tener que caminar nada. Quedan pocos sitios en el mundo en los que no tengas que madrugar para desvirgar el fuera pista. Kartalkaya es uno de ellos.
En la siguiente sesión la nieve ya se había puesto pastosa, así que tocó montar obstáculos. No sabemos por qué motivo pero terminamos construyendo siempre en spots rodeados de basura. Quizá porque nuestras expectativas de encontrar una estación “subdesarrollada” se vieron frustradas por el lujo. Saltamos basura, grindamos basura, todo lo que pudiéramos hacer, en basura. Incluso llegamos a pasarnos un día entero “shapeando” basura con la mala suerte de que al día siguiente el camión reglamentario se lo había llevado todo y nos tocó reconstruirlo. El resultado fue un gap que dio de si durante dos horas de vuelos sobre despojos. Cada vez que uno de los trabajadores pasaba por delante nos miraba confundido, supongo que no entendían que quisiéramos rodearnos de basura en un entorno tan bonito.

En la siguiente sesión la nieve ya se había puesto pastosa, así que tocó montar obstáculos. No sabemos por qué motivo pero terminamos construyendo siempre en spots rodeados de basura. Quizá porque nuestras expectativas de encontrar una estación “subdesarrollada” se vieron frustradas por el lujo. Saltamos basura, grindamos basura, todo lo que pudiéramos hacer, en basura. Incluso llegamos a pasarnos un día entero “shapeando” basura con la mala suerte de que al día siguiente el camión reglamentario se lo había llevado todo y nos tocó reconstruirlo. El resultado fue un gap que dio de si durante dos horas de vuelos sobre despojos. Cada vez que uno de los trabajadores pasaba por delante nos miraba confundido, supongo que no entendían que quisiéramos rodearnos de basura en un entorno tan bonito.

Paseando por las calles de la ciudad me di cuenta de lo aislados que habíamos estado arriba en la montaña, de lo alejado que queda todo aquello de la realidad turca.

Cada vez que íbamos a un spot de montaña Julia y Conny me daban una lección. Soy una gallina cuando se trata de montañas reales. Mientras ellas se lo tomaban en serio y se marcaban todo tipo de grabs en el cliff yo me dediqué a hacer un muñeco de nieve. Yo creo que me costó el mismo trabajo que a ellas, y al fin y al cabo la adrenalina no deja de ser algo subjetivo y relativo.

A medida que se acercaba el final del viaje nos empezó a dar la ansiedad por separación y convencimos a Carlos, Conny y Julia de que cambiaran el vuelo y vinieran a Istambul con nosotros. Al pasear por las calles de la ciudad me di cuenta de lo aislados que estábamos arriba en la montaña, de lo alejado que es todo aquello de la realidad turca. Me hubiese gustado quedarme y añadir otro capítulo al diario del viaje pero desafortunadamente era la hora de partir. Volveremos.
Texto: Ana Rumíha
Fotos: Carlos Blanchard
Reportaje publicado en el número 6 de Snowplanet Girl






