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USHUAIA , fin del mundo, principio de todo.

14 March 18
Autor: Redaccion

La cara soñada por todo snowboarder, llevábamos viéndola varios días, unos nos decían que era el sin nombre y otros la esfinge, por fin al deslizarla le sacamos su secreto.

“En la extremidad de aquella extensísima lengua de tierra de América del Sur que va estrechándose a medida que se acerca al Polo, bañada por dos océanos, el Atlántico y el Pacífico, el continente se ha como desmenuzado en un vasto archipiélago que, separado de la tierra firme por el Estrecho de Magallanes, penetra en las frías y misteriosas soledades del Antártico bajo el sugerente nombre de Tierra del Fuego” -Alberto M. De Agostini-

Documentándonos

Ushuaia proviene del idioma yagán: ush (‘al fondo’) y waia (‘bahía o caleta’) Significa bahía profunda

La Tierra de Fuego se conoce por “la civilización occidental” desde que Schouten y Le Maire, en su navegación del año 1616, descubrieron el Pasaje de Drake defendieron la insularidad del territorio. Doscientos años más tarde, el capitán Fitz Roy en su buque “Beagle” descubrió el canal que divide la Isla Grande de Tierra del Fuego de las Islas Navarino e Isla Hoste. A bordo, un famoso tripulante: el evolucionista Charles Darwin.

La ciudad de Ushuaia se encuentra a 54º 48’ Sur, es la ciudad más austral del mundo, a tan sólo 1.000km de la península Antártica. Se ubica del lado sur de la cordillera andino fueguina y su paisaje ha sido modelado por varios factores: el océano en sus costas y el viento en sus laderas. Pero el proceso modelador más destacado de estas tierras, lo compusieron las glaciaciones. En la última, se conformaron los grandes paisajes que podemos apreciar en la actualidad. El Canal Beagle es por ejemplo el fruto de un glaciar imponente que arrasó con el suelo rocoso de las montañas, dando lugar a un valle de tal magnitud, que se extiende desde el océano Atlántico al océano Pacífico. Todo ello hace que sea una tierra indómita digna de exploración y aventura. A día de hoy, muchos rincones no han sido pisados todavía por el hombre.

Precioso BS Leitback de Alfons en el glaciar Martial con el océano y la ciudad atentos

Realidad que supera las expectativas

El proceso para relatar una experiencia de viaje no acaba hasta meses después de llegar a casa. Comienza con el diario cuando por la noche, en el momento en el que tienes un rato de tranquilidad e intimidad, intentas reflejar las vivencias que, bajo tu subjetividad, irán componiendo la estructura básica del relato. Todavía no eres consciente de la forma ni del fondo del artículo, ya que tan sólo son sucesos, personas y datos que no acaban de cobrar consistencia. Estos elementos son la esencia de la historia. Ese momento ocurre cuando ya tienes una visión completa de todo lo que ha sucedido y después, se plasma la impronta emocional inherente a cualquier viaje. Durante la planificación en casa, Ushuaia aparentaba como mínimo la épica de otras aventuras, y ahora en el momento del repaso y frente al ordenador, certificas lo que ya intuías, tomas conciencia de que las montañas de 1. 500 metros sobre el mapa se han acabado convirtiendo en ascensiones y descensos técnicos complicados, pero también satisfactorios. Todas las personas que has conocido han pasado a formar parte de ti y de tu entorno social. Lo que creías nieve húmeda por la geografía marítima de la zona es simplemente una singularidad corregida por la sequedad de las corrientes antárticas que pasan de oeste a este en el canal de Beagle, que el viento persistente -tan molesto a veces- compacta a la nieve y limita ocasionalmente los aludes, que las ballenas existen, que los argentinos son gente hospitalaria y cojonuda que organiza asados cada día, que… Finalmente se nos ha ido de las manos y ha sido uno de esos viajes en los que la realidad supera cualquier tipo de expectativa.

Mr monte Olivia, con que ganas nos quedamos de acariciarte con la tabla, nos rechazaste pero volveremos

Josu Larrazoy ascendiendo hacia el glaciar marcial, a la pala del murciélago, ya que su silueta es bastante similar

Calentando

Llegamos a Cerro Castor y la recepción de llegada estuvo a la altura como acostumbra esta tierra: con chelas, asados y viejos amigos. Aunque ansiosos por comenzar a deslizar y patear por la montaña, presentíamos que íbamos a tener que ser pacientes por el viento que soplaba con fuerza. En la primera oportunidad que tuvimos, nos acercamos a una canal del Cerro que descolgaba entre 35º y 40º, nieve dura venteada y 600 metros de desnivel, para ir haciendo boca y poner en juego las sensaciones. Aperitivo agradecido pero escaso, pues el viento subía racheado hasta 75 km/hora, por lo que íbamos a quedarnos con las ganas de más…No nos quedó otra que sacar a relucir nuestra reserva de paciencia para ir calentando y tomando contacto poco a poco. Al poco, entrabamos en acción Splitboard en mano en los alrededores del Cerro Castor, aprovechando la infraestructura de la estación, pero saliendo convenientemente cuando y donde lo veíamos, claro. De esta manera, conseguíamos rondas más o menos rápidas e íbamos concluyendo la aclimatación en un entorno condicionado entre el powder y la nieve venteada. Tomi Castelli, nuestro guía-rider local que se unía al equipo en este momento, había planeado, dadas las condiciones, el ataque a la pala de murciélago en el glaciar Martial. Nos pegamos un bonito paseo hasta la base de la montaña con el Canal de Beagle a nuestras espaldas, siempre acompañados por el bueno de Eolo. Tomi nos recomendó ir hacia la laguna Turquesa, ya que ofrecía varias opciones para todos los niveles. Para ir manteniendo el grupo, decidimos acercarnos a la cara este del cerro Carvajal. Y allí, ninguna pega. Lo esperado y deseado: el big powder bajo nuestros pies y la libertad de flotar, volar, levitar, sumergirse… Nuestros ánimos crecieron y decidimos seguir dándole, adentrándonos en alguna otra canaleta que todavía estaba aún mejor. ¡Qué caro y tardío es a veces el premio en la montaña! En La Cloche, investigamos una canal de difícil acceso.

Jordi Domenech marcándose un bonito FS en la sombra, ya que las condiciones buenas estaban más bien en los aledaños del esfinge

Yujiro Kondo jugándose el pellejo en la línea jamás descendida del Domo Blanco, muy dura de ascenso y descenso, cuando llegó abajo dijo que era lo más duro que había realizado en su vida

En días de mal tiempo se agradece estar entre dos paredes más que en una pala ancha. La niebla acechaba pero eso se solucionaba con ánimo, crampones y tirando hacia arriba. Una vez allí, condiciones épicas porque tuvimos visibilidad y volvimos a pensar otra vez más que nunca hasta ese momento, habíamos conocido un powder de tanta calidad.

Apogeo con Helidrop

El día D, volábamos merecidamente con el pájaro (“tucu-tucu”) a la Esfinge, una cara alejada que se divisaba cuando lo permitió la visibilidad. Decisión tomada a las 20.30 de la noche y al día siguiente, a las 7.30 am. en el helipuerto. El gran guía Gonzalo Valdés nos aconsejó en todo momento sobre qué hacer y cómo. Hombre de referencia si se quiere hace algo por estas tierras. Hicimos un descenso primero desde el Col de la Esfinge y luego cuatro rondas con el heli. Una parte del grupo se quedó esperando en el valle, con muy buenas condiciones, hasta que llegaron el resto, que seguían volando. Cuando aterrizaron Alfons, JC y Gonzalo, decidimos hacer una ronda más a pie para al final dirigirnos a la “big mountain line” de la Esfinge, con la que llevábamos soñando todo el día. Solo un espine con sol, pero la calidad e inclinación de la montaña hizo que no nos importara a ninguno. Una gran cornisa de entrada que encaramos por la parte más sencilla para no cargar mucho la cara y evitar algún desprendimiento. Cada curva, gloria bendita: espesor, calidad y estabilidad con el mar a tan sólo un km. La noche anterior había sido estrellada sacando la poca humedad que tenía.

Desde el pájaro se ve todo mucho más accesible, y más bonito, pero luego todo lo que parece bonito desde el aire, desde la cumbre cambia en un momento

Con el Cerro Alvear y Domo Blanco de fondo, Alfons voló en la cornisa, posteriormente, descedió ambos cerros que vemos de fondo

Base camp en Pompilandia

De vuelta a Pompilandia tras el vistazo que ya le habíamos dado a la zona, instalamos nuestro base camp con tienda, hornillo, comida, sacos esterillas y demás utensilios para sobrevivir y al día siguiente comenzar el ascenso hacia el monte Olivia y 5 hermanos. ¡Malditos porteos!

La conexión a internet para poder ver las previsiones meteorológicas había fallado en los últimos días. Así que decidimos atacar tímidamente, a ciegas. Ya teníamos asumido que la diferencia entre ver el parte y no verlo era mínima, dada la experiencia adquirida en las últimas semanas. La meteo en el fin del mundo se prevé con bastante acierto sacando la mano. Si está mojada llueve, si se vuela hace viento y si no la ves hay niebla. Y con frecuencia vives las cuatro estaciones en una misma jornada, una delicia para salir con el bañador, la pala y el cubo, pero también con el paraguas y el plumas.

Una vez decidido el campo base en Pompilandia, Alfons García (rider local de Val D´Arán) decidió con ganas que podía atacar un corredor cercano hasta que la luz nos abandonase. Paredes de 25 metros de altura a los laterales, drop de 5 metros bastante “punk” y obligado en el descenso, algún que otro tiburón visible y en todo caso, mucha inclinación y ciego de bajada. Cuando Alfons llegó al drop, se detuvo y nosotros desde el campo percibimos su bloqueo mental, ese que no te deja decidir rápido y te obliga a parar por premonición de caída inminente. Dada la situación de lejanía e imposibilidad de ayuda, acabó por decidir abortar la bajada (gran decisión), pensamos nosotros desde abajo. La salida no fue fácil ni ortodoxa, porque tiró la tabla cuesta abajo y destrepó por la misma línea que había subido… Jamás en la vida habíamos visto a Alfons y su experiencia hacer algo de este tipo, lo cual implicaba que la cosa tenía que estar muy, pero que muy agresiva.

Empezamos a montar la tienda de campaña detrás de una piedra que nos daba cobijo, levantamos unas paredes de nieve para aislarnos aún más y, bueno, cinco personas en una tienda de tres es aventura no deseada: botas, guantes pantalones, chaquetas empapadas… Menos mal que la ropa de recambio hizo que nos sintiéramos vivos. No pegamos ojo en toda la noche y por la mañana, el día comenzó con un viento imposible de gestionar que lanzaba copos que te golpeaban la cara al caer con la fuerza de mil alfileres. Retirada al refugio de Olum a tiempo con un cansancio mental que superaba con creces al físico.

La barca del fin del mundo. Prospección de Laguna Esmeralda, Alvear y Domo Blanco

Nos habían hablado de Laguna Esmeralda, (suponemos que era por su color), pero cubierta de hielo, no se apreciaba. Jordi y yo marchamos en solitario hacia allá. Un auténtico infierno de aproximación hasta que alcanzamos la laguna que cruzamos a pie ya que estaba helada y dura. Explorar, compilar información y cuando sea el momento: ¡Atacar! ¡De primeras no es tan fácil! ¡Una tierra inhóspita con un riding duro!

Una vez de vuelta tras la jornada de prospección y con buen pronóstico meteorológico, decidimos ir a hacer un campamento base hacia el valle de Alvear y Domo Blanco. Nos iban a acompañar 3 locales. Río: lugar para calentarnos y una buena esplanada para poder instalar nuestras tiendas de campaña. Dejamos todos los bártulos pesados y decidimos atacar el cerro Alvear, el segundo más alto de Ushuaia (1476m), después del cerro Cornu. Yujiro y Alfons encararon una canal sin intención de hacer cumbre, vi que iban cómodos y me uní a ellos. Llegamos a unos bloques de hielo por donde teníamos planeado bajar, aunque el viento arreciaba y ver la cumbre tan cerca nos convenció para no irnos sin ella. En realidad no somos muy “cumbreras” pero la ocasión lo merecía.

Decidimos atravesar unas rocas con una exposición un poco elevada pero la nieve y el hielo se dejaban pisar, una diagonal donde cada paso tenía que ser muy seguro y finalmente nos encontramos encarados a la cumbre. Clavando el piolet con ambas manos, llegamos y disfrutamos de unas vistas preciosas de todos los cerros de alrededor, el canal de Beagle siempre presente y el lago Fandiano delimitando la cordillera. ¡Sensación de éxtasis y fotos de rigor antes de marchar! Salimos hacia el Domo Blanco, un cerro solo ascendido una vez por riders locales. El equipo del Domo Blanco, tras una escalada alpina a primeras horas de la mañana y con una inclinación de entre 40º y 55º con partes estrechas y donde solo cabía un snowboard de ancho y poquito más, llegó a la cumbre sobre las 17:15 horas. Yujiro Kondo se metió en la línea denominada en escalada: Jamón Cake. Ningún splitboarder ni skier la había descendido todavía. El japonés, que lleva normalmente cantos afilados como cuchillos, comenzó en el primer backside a perder grip pero tras un frontside, ya estaba completamente convencido de la falta de agarre. Pero no quedaba otra más que bajar. Dramático pero con final feliz sin caídas, a su llegada sus palabras fueron: “el ascenso y descenso más duro de mi vida con mucha diferencia”. Alfons, Jordi y Lola se bajaron finalmente por la más comercial de las líneas, suplicio también como pocas. Contra todo pronóstico y “no contentos” con la aventura nipona que precedía a este viaje, Facu se metió en la Jamón Cake. Aunque hizo una bajada mucho más fluida que Yujiro, no estuvo exenta de complicaciones ni de tensión. Sin duda estos descensos quedarán en la memoria del splitboard, de la montaña fueguina y seguramente de Argentina. Desmontamos el campamento esa misma noche y comenzamos a regresar. Durante la vuelta, a las 24.00 horas nos cruzamos casi en casa, con Iosu, nuestro compañero preocupado, que con muy buen criterio había llamado al rescate y estaba acompañado de la policía, ya que había dado la señal de alarma por nuestra tardanza.

Glaciar Albino despidiendo a Yujiro

El reposo se impuso unos días mientras parte del equipo se iba volviendo a sus respectivas casas. En el último día de riding de Yujiro, subimos al glaciar Albino a deslizar por el bloque de hielo que se veía desde la base. Parecía ripable, se intuía claramente un “iceride” y Yujiro con sus dos pelotas japonesas bien puestas, no dudo un momento en empezar a encararlo. Nos dimos por satisfechos con la impresión de un trabajo bien hecho por ambas partes. Me junté de nuevo con Gonzalo Valdés, el guía que nos llevó en el heli, también amigo de los “old schoolers” de Val D´Arán: Javi Barro, Nelson Domínguez… Me propuso ir a Puerto Almanza, la montaña habitada más sureña que se puede deslizar en este lugar. Me di un homenaje de tranquilidad, buen ambiente e hice un par de canales preciosas. Así fue mi despedida del split en el fin del mundo, una auténtica pasada. Lo que nos hizo ir a Ushuaia fueron las bajas altitudes de las montañas, pequeñas pero grandes en alpinismo, aventura y líneas. Y eso es lo que encontramos, accesos con porteos duros por la escasez de nieve en primavera que no llega hasta el final del valle, pero también satisfacción máxima en cada bajada. El polvo como siempre estaba ahí, escondido en lo más alto, en la sombra. ¡Gracias Ushuaia y gracias a los tierra fueguinos que nos han acogido tan bien y con los que hemos disfrutado tanto!

El “ice ride” que llevábamos buscando varios días, justo el ultimo día lo descubrimos junto a Yujiro Kondo

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